Como les conté, Miguel fue quien nos recibió por encargo de nuestra troperísima amiga Jeannette, también acudió a su auxilio cuando se enteró que queríamos visitar su país de todas, todas, Así pues, puso a nuestra disposición todos sus conocimientos y contactos en torno al ambiente cultural; esto en tiempo record, el compa se comportó extraordinario con estos pechitos, nos trasladó a los espacios y entrevistas que había conseguido para hacer nuestras presentaciones, nos puso al tanto de los nones de la cuestión, nos aclaró que el no produce eventos que solo tiene algunos contactos e hizo un par de llamadas, nos presentó las primeras pupusas que comimos en El Salvador, el “Pan nuestro de cada día” de los salvadoreños, muy ricas por cierto, la de queso con loroco fue la preferida de Luz, a mi me gustaron todas, así que cada vez que las comíamos iba rotando el menú, Miguel sufrió junto a nosotros los menoscabos en las organizaciones y representaciones institucionales donde se nos ofreció hacer espectáculos, participó de casi todas las reuniones que hicimos con Jeannette y sus amigos, estuvo al pie del cañón caray con nuestras personas y nos dejo en el terminal de buses cuando abandonamos el país, fue el primer y último rostro familiar que vimos en el salvador, al principio desconocido, al final ya ultra amical. Mi pana, estamos más que agradecidos de las gestiones, las atenciones, las Regias, las pupusas y todo lo que hizo por nosotros, le deseamos la mayor de las suertes.sábado, 10 de julio de 2010
Miguel, Franklin y Manuel.
Como les conté, Miguel fue quien nos recibió por encargo de nuestra troperísima amiga Jeannette, también acudió a su auxilio cuando se enteró que queríamos visitar su país de todas, todas, Así pues, puso a nuestra disposición todos sus conocimientos y contactos en torno al ambiente cultural; esto en tiempo record, el compa se comportó extraordinario con estos pechitos, nos trasladó a los espacios y entrevistas que había conseguido para hacer nuestras presentaciones, nos puso al tanto de los nones de la cuestión, nos aclaró que el no produce eventos que solo tiene algunos contactos e hizo un par de llamadas, nos presentó las primeras pupusas que comimos en El Salvador, el “Pan nuestro de cada día” de los salvadoreños, muy ricas por cierto, la de queso con loroco fue la preferida de Luz, a mi me gustaron todas, así que cada vez que las comíamos iba rotando el menú, Miguel sufrió junto a nosotros los menoscabos en las organizaciones y representaciones institucionales donde se nos ofreció hacer espectáculos, participó de casi todas las reuniones que hicimos con Jeannette y sus amigos, estuvo al pie del cañón caray con nuestras personas y nos dejo en el terminal de buses cuando abandonamos el país, fue el primer y último rostro familiar que vimos en el salvador, al principio desconocido, al final ya ultra amical. Mi pana, estamos más que agradecidos de las gestiones, las atenciones, las Regias, las pupusas y todo lo que hizo por nosotros, le deseamos la mayor de las suertes.
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