
También Juan Rafael, el amigo del Pancho Villa, quiso invitarnos a su casa, a cenar un día, creo que justo la última noche que estuvimos por acá. Pasó por nosotros pues él vive en un pueblo como a cuarenta y cinco minutos de Las Palmas y nos fuimos a cenar, a compartir con su esposa y su hija. Es muy posible que la comida haya estado rica, pero este pechito se enfermó del estomago y hubo que tranquilizarlo con el infalible remedio de mitad coca cola, mitad seven up, porque la verdad es que nada solido podía pasar por aquella zona. Eso no fue pretexto para no disfrutar de una velada agradable, que nadie se ha muerto por no comer una noche, así que pecho henchido de dignidad y ubicación estratégica cerca del privado, hicimos una noche larga, hasta casi cerca de la una de la mañana, que si se ponen a pensar, hija pequeña, padres laburadores, horarios para salir de casa en día de semana, es una especie de record en estos casos. Juan Rafael fue a dejarnos y estaba muy contento, nosotros también, ahora a preparar las maletas que debemos dirigirnos a nuevos rumbos.
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